«Gaza, diplomacia y esperanza»

En la ciudad egipcia de Sharm el-Sheikh, a orillas del Mar Rojo, se libra una batalla diferente, una que no deja escombros ni cuerpos sin vida, pero que puede salvarlos: la batalla de la diplomacia.

Al momento de escribir estas líneas, negociadores de Israel y Hamas mantienen conversaciones indirectas para poner fin a la guerra en Gaza, en un acercamiento histórico que representa lo más cerca que ambas partes han estado de un posible acuerdo desde que comenzó el conflicto hace ya dos años.

El trasfondo de estas conversaciones es sombrío. La ofensiva israelí ha dejado hasta la fecha más de 67.000 muertos en Gaza, mientras que en Israel, el ataque de Hamas del 7 de octubre de 2023 cobró la vida de más de 1.200 personas y dejó a 254 rehenes, de los cuales 48 permanecen bajo custodia del grupo islamista. Ante esta realidad, la urgencia de una tregua permanente es indiscutible: cada día sin acuerdo es un día más de vidas perdidas, de ciudades destruidas y de familias marcadas por el dolor.

En este contexto, el plan de paz de 20 puntos propuesto por el presidente estadounidense Donald Trump, respaldado por Israel y parcialmente aceptado por Hamas, se perfila como el marco sobre el que podrían edificarse pasos concretos hacia la paz.

Se trata de un documento breve, de pocas páginas, que contempla el fin inmediato de la ofensiva israelí, la liberación de rehenes a cambio de presos palestinos, el desarme de Hamas y la formación de un gobierno tecnócrata de transición en Gaza.

Sin embargo, la creación de un Estado palestino sigue siendo un punto de fricción, y Netanyahu ha dejado claro que las tropas israelíes permanecerán desplegadas en gran parte del territorio.

Hamas, por su parte, exige garantías claras para un alto el fuego “permanente y completo”, con la retirada total de las fuerzas israelíes. Qatar, uno de los mediadores en las conversaciones, admite que aún quedan “muchos detalles” por cerrar, desde la liberación de rehenes hasta la entrada de ayuda humanitaria, pasando por la excarcelación de presos palestinos y la supervisión internacional de los acuerdos.

El portavoz del Ministerio de Exteriores de Qatar, Mayed al Ansari, enfatizó que el objetivo es lograr un acuerdo duradero y no temporal, con mecanismos de monitoreo que eviten una reanudación del conflicto.

El papel de la diplomacia internacional no puede subestimarse. Egipto considera estas negociaciones “decisivas” para frenar la violencia y establecer una hoja de ruta hacia una solución política. Según Badr Abdelaty, ministro de Exteriores egipcio, hasta 57 países árabes y musulmanes podrían normalizar relaciones con Israel si se alcanza un acuerdo que contemple un horizonte político para la creación de un Estado palestino.

Mientras tanto, Estados Unidos, con la participación del enviado presidencial Steve Witkoff y el respaldo de Qatar y Turquía, se ha comprometido a hacer “todo lo posible” para asegurar el cumplimiento del acuerdo y mantener a las partes en la mesa de negociación.

El simple hecho de que estas conversaciones existan, aun siendo indirectas y cautelosas, es un triunfo de la diplomacia sobre la guerra. Cada palabra intercambiada en Sharm el-Sheikh reemplaza, aunque sea por un momento, la retórica de las armas. Cada hora de diálogo es una pequeña victoria para la humanidad.

La historia reciente enseña que los costos de la violencia son incalculables. No hay victoria militar que compense la pérdida de vidas inocentes ni la devastación de ciudades enteras. Las madres que han perdido a sus hijos, los niños que han quedado huérfanos, los hospitales y escuelas destruidos: todo eso permanece mucho después de que los cohetes y las bombas dejen de caer.

La diplomacia no ofrece resultados inmediatos, y los desacuerdos sobre la creación de un Estado palestino, el desarme de Hamas y la liberación de rehenes demuestran que el camino hacia un acuerdo definitivo será largo y complicado. Pero también muestra que existe la voluntad de encontrar soluciones políticas, un paso que ninguna operación militar podría lograr por sí sola.

Si algo queda claro, es que la paz no puede imponerse por la fuerza. Solo mediante la negociación, la mediación y el compromiso internacional se pueden sentar las bases para que los habitantes de Gaza y de Israel vivan sin miedo y sin violencia.

La humanidad entera tiene la responsabilidad de acompañar este proceso con compromiso real, porque no hay nada más valioso que la vida y la oportunidad de vivirla en paz.

La negociación en Sharm el-Sheikh es un recordatorio de que la única victoria verdadera en un conflicto como este es la paz duradera, y que, a veces, la valentía consiste no en empuñar un arma, sino en sentarse a la mesa y escuchar, dialogar y construir un mañana diferente.

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