“Se nos pasa el tren del petróleo”

Esta semana pudimos conocer de un nuevo incidente en la refinería El Palito, el cual habría llevado a detener temporalmente la producción de gasolina, tras la falla de una válvula que habría provocado un incendio en el lugar.

La noticia no sorprende, ya que se han convertido en reiteradas las situaciones en las cuales acontecen imprevistos en las instalaciones petroleras nacionales, lo cual obliga a pausas en su trabajo que afectan la ya menguada productividad de las mismas.

Según informes de la prensa, hace menos de un mes se habría reanudado la producción de la Unidad de Craqueo Catalítico del lugar, tras haberse detenido en octubre por otro incidente similar, reportado en su momento por la agencia internacional de noticias Reuters.

Es así como vemos que la que una vez fuera la industria orgullo de nuestro país –y el principal sustento de nuestro gentilicio– se ha acostumbrado definitivamente a estar muy por debajo de los estándares mundiales de seguridad y eficiencia que deberían regirla.

En momentos en los cuales la productividad está en niveles históricamente bajos, se añade este agravante, por el cual las instalaciones, que ya tienen una producción bastante menguada, deben detener además sus labores con inquietante frecuencia, como consecuencia de los imprevistos en su operación.

¿Por qué se originan estos acontecimientos, que cargan aún más peso sobre la ya compleja situación de Petróleos de Venezuela?

La desinversión y la falta de mantenimiento reiterados son sin duda y en gran medida los responsables de que tales hechos se hayan vuelto cada vez más frecuentes. No es necesario ahondar mucho para conocer que el negocio del petróleo descansa medularmente sobre un riguroso cuidado de sus instalaciones, para poder asegurar la productividad a largo plazo y, en modo paralelo, poder cumplir con la enorme responsabilidad que significa cuidar y proteger a sus trabajadores en el marco de una actividad que implica peligros de gran magnitud, tanto para ellos como para el entorno donde operan.

Por si todo esto fuera poco, debemos tener también presente el enorme riesgo que corren los trabajadores del sector en los tiempos actuales, en los cuales no se les asegura un mínimo de confiabilidad dentro del entorno en el cual les toca laborar, un hecho que convierte a las instalaciones petroleras en una ruleta rusa que puede desencadenar un accidente en cualquier momento.

Necesitamos recuperar la excelencia que fue por décadas el sello de las operaciones de extracción y procesamiento de hidrocarburos en nuestro país. No solamente es un punto de honor y de orgullo, ya que el prestigio de nuestros trabajadores del ramo estuvo por mucho tiempo entre los mejores del planeta. También se trata de nuestro sustento, que está severamente comprometido, en tanto y en cuanto el deterioro progrese.

El Fondo Monetario Internacional espera que la economía de Venezuela se reduzca en un 25% durante este año que corre de 2020, después de contraerse en un 35% en el pasado 2019.

Tristemente, jamás hicimos aquella vieja tarea de diversificar nuestras industrias, nos descansamos en la que era en su momento la gallina de los huevos de oro y ahora, a la baja de los precios petroleros que se ha registrado en el último lustro, debemos sumar la merma en la productividad, que ha llevado a nuestros ingresos a mínimos inimaginables, para colmo en el marco de una pandemia que ha minimizado también el consumo de combustible en todo el mundo. La tormenta perfecta se ensañó con nosotros.

Y debemos subrayar que la tan deseada y deseable recuperación de la actividad en este rubro debería hacerse en tiempo perentorio. En caso contrario, no va a tener sentido alguno.

Y es que, mientras vemos con impotencia cómo se reduce nuestra capacidad de aprovechar el mayor de los activos que tenemos, el mundo se mueve hacia la búsqueda de otras energías, un hecho indetenible que está convirtiendo al combustible fósil en una alternativa cada vez más prescindible.

Una hipotética repotenciación de nuestra infraestructura petrolera consumiría años y grandes recursos. ¿En qué situación estaría el planeta respecto a sus fuentes de energía para cuando esto sucediera?

Cada vez sentimos más que se nos pasó el tren de la oportunidad, y noticias como la recogida aquí no hacen más que reafirmarlo. El trabajo de cara a poder aprovechar lo más posible el tren final del petróleo debe ser urgente y riguroso, porque es una de las escasas vías que tenemos en este momento para aliviar los padecimientos de nuestra nación.

No debe estar guiado por ideologías, sino por el pragmatismo de un objetivo, el cual es inyectar bienestar a un país profundamente golpeado por una sucesión de errores que nos han colocado en una situación extremadamente adversa.