“Las lecciones de 2020”

En el cierre de lo que quizá haya sido hasta ahora el año más inesperado que nos haya tocado vivir, no podemos evitar repasar lo que han sido nuestras vidas en estos 365 días. El fin es extraer aprendizajes que nos permitan afrontar mejor lo que, sin duda, será un año nuevo donde inevitablemente se sentirán los efectos colaterales de lo vivido en este lapso que se termina. 

Lamentablemente la pandemia, con su crisis sanitaria y el rebote hacia lo económico, nos ha dejado en Venezuela más desnudos que nunca. 

Si bien es cierto que la infausta noticia sorprendió y golpeó hasta a los países más preparados, también es verdad que todo este año no ha sido en Venezuela un paseo por las consecuencias de vivir siempre al borde por culpa de la ineficiencia. 

Un riesgo que no podemos permitirnos y que ha desenmascarado el nivel de su gravedad en medio de una crisis mundial que nos tomó en la peor de las situaciones en cuanto a capacidad de respuesta. 

Sin duda y para todos el 2020 queda marcado con el COVID-19 y nuestra vida giró en torno al mismo por todo este año. Y creemos que quizá lo más importante que hemos aprendido, es el estar abiertos a lo inesperado y al cambio. 

A lo mejor si esta fuera nuestra perspectiva cotidiana, el coronavirus y sus consecuencias nos hubieran golpeado con menos rigor. 

Lamentablemente, los seres humanos somos tercos y soberbios para hacer planes, a muchos de nosotros nos faltan virtudes como la adaptabilidad y la flexibilidad, que nos permitan capear la tormenta cuando se presente. 

Y tristemente,  siempre es así. Es más, usualmente los imprevistos nos agarran sin un “plan B” a la mano. Y lo que es peor, tardamos en reaccionar, porque no podemos aceptar que las cosas no vayan como lo habíamos planeado. Así perdemos un tiempo extremadamente valioso. 

Y quizá esta fue la prueba más exigente a la que nos enfrentó el 2020 del coronavirus. A aprender a cambiar de planes, a hacer nuevos mapas de ruta desde cero y contra reloj, a tener la humildad de reconocer que las cosas no pueden siempre ser como lo queremos y lo pensamos. 

Aprendimos también a renunciar y a mirar hacia adelante para construir de nuevo, sin voltear hacia atrás más que para despedirnos de lo que ya quedó en el pasado. 

Adicionalmente hemos aprendido, en el mundo entero, a mirar con aún mayor respeto a la ciencia. Los hombres y las mujeres bendecidos con la posibilidad de dedicarse a este oficio han trabajado contra reloj, muchas veces poniendo en riesgo su vida. 

Unos cuantos de ellos la perdieron en esta guerra crucial de la humanidad, una guerra de conocimiento. 

Aunque este período se nos haya convertido en algo agobiante e interminable, lo cierto es que la ciencia ha reaccionado con velocidad al titánico reto que ha enfrentado. En primer lugar, afinaron relativamente en poco tiempo los protocolos de bioseguridad para proceder frente a este reto; y luego también tuvimos la noticia de las nuevas vacunas en relativamente poco tiempo. 

Cerramos también el año con una noticia alentadora: tras entender de primera mano lo crucial que es la labor de los profesionales de la medicina, tanto en nuestro día a día como en situaciones extremas, las escuelas de medicina de muchas naciones han visto un aumento exponencial en las inscripciones de sus aspirantes a cursar la carrera. 

Cerrar un año y recibir otro con la reivindicación de la profesión médica es quizá una de las mejores novedades que nos puede dejar este 2020. 

También aprendimos a apreciar más a los llamados trabajadores de primera línea y trabajadores esenciales. Tanto los que nos asistieron en el área de salud como quienes se esmeran en que recibamos los servicios básicos para la subsistencia fueron más apreciados en un momento en el cual seguir adelante implicaba un riesgo. 

También hemos aprendido a filtrar más la información que recibimos. Este fue el año de las tristemente célebres “fake news”, por parte de personas inescrupulosas o cuentas de redes sociales que solamente buscaban aumentar sus “me gusta” y acrecentar su fama a cambio de noticias falsas. La incertidumbre informativa fue el caldo de cultivo perfecto. Esto nos dejó una alerta para revisar muy bien a quién le creemos y confiar en periodistas reconocidos antes que en advenedizos. 

En conclusión, el virus nos mostró lo peor de la humanidad, pero también lo mejor. Podríamos resumir nuestra actitud frente a la llegada del tan esperado año 2021 con una conocida frase utilizada por los gerentes: “esperando lo mejor, pero preparados para lo peor”. 

Creemos y no dudamos que el período que se abre con estos nuevos 12 meses será definitivamente mejor. Pero depende en mucho de nosotros mismos, de nuestra actitud y de cuánto apliquemos lo aprendido durante la etapa que despedimos.

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